hormigas 4

Las hormigas se están portando bien, no se han metido a la cocina y sacaron un trozo de papita de detrás del sillón de la sala, lo sacaron para que no se echara a perder y provocara malos olores. ¿Qué les cuesta ser así todos los días?

¿No será posible modificar un poco sus genes para convertirlas en una especie de nanorobots de la limpieza? Tendrían que salirse de la cocina, o entrar solo en ciertas horas, tendrían que tomar solo los trozos pequeños que a mi se me dificulta limpiar y se tendrían que mantener lejos del fregadero.

Yo intenté ser su amigo, durante un tiempo me abstuve de usar el insecticida, solo limitaba su acceso a los lugares donde eran más molestas, la cocina, pero ellas seguían llegando. Tapé orificios con yeso y lo rompían, luego lo tapé con silicón y eso funcionó bien, pero en cuanto tapaba una entrada encontraban otra, así estuvimos luchando por meses, hasta que un día las encontré en mis frijoles recién cocidos y me decidí por el veneno.

Eso las mantuvo a raya un tiempo, luego el frío se encargó de ellas, alejándolas al menos temporalmente de mi departamento. Las espero para el verano para un nuevo encuentro, y no decido aún si seguiré usando veneno. Quizás lo haga solo con las que vayan a la cocina para obligarlas a limpiar los migas olvidadas en el resto de las habitaciones.

No se por qué sigue habiendo personas que añoran una idealizada vida prístina donde la naturaleza nos abastecía de todas nuestras necesidades y vivíamos en armonía con el medio ambiente, respetábamos los ecosistemas, vivíamos en un comunismo primitivo (todos eramos iguales) y además en un desarrollo sustentable (satisfacíamos nuestras necesidades sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones de satisfacer las suyas). Luego llegó la propiedad privada, la ciencia, la tecnología, y todo vino al traste.

La prueba más evidente de la falsedad de esta idealización es que ahora los animales salvajes envidian nuestra forma de vida, ahí están las hormigas metiéndose en la cocina, si la vida en la naturaleza es tan maravillosa, ¿qué hacen aquí? Ahí están las aves alimentándose en nuestros campos, los osos en nuestro campamentos, y en general todo animal salvaje con dos dedos de frente y la suficiente cercanía busca nuestros desechos para alimentarse y cobijarse. Esto prueba lo que siempre ha sido evidente pero los idealistas del pasado no quieren ver: la naturaleza apesta.

Y esta actitud mía parece pesimista, parece cínica, pero es lo contrario: si la naturaleza apesta y nuestra vida anterior era miserable, todo ha sido progreso, ahora estamos mejor que nunca. Esta actitud es el optimismo histórico, u optimismo con desilusión (porque viene de la desilusión con el pasado, con la naturaleza), o como lo llama Matt Ridley, optimismo racional.

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