dice mi mamá

Que raya los lentes porque sus pestañas rozan la mica, que así le pasa con todos porque está muy chata.

Me dijo con un nudo en la garganta que Jorge su sobrino no le hizo el funeral que mi tía Isabel se merecía, recuerda el lugar miserable, el ataúd corriente, que desde entonces ha vivido con ese cargo de conciencia porque a ella le había encargado mi tía el glamour de ese momento. Pero llego muy tarde.

Nos contó llorando de la risa una anécdota de mi tío Ramón, pero las lágrimas duraron un poco más que la risa.

El otro día nos llamó a comer, primero con un silbido que no escuchaba desde la infancia, luego con el típico “¡ya está servido!”

Que ya no sirve para nada porque usó el orificio grande para rociar pimienta a las papas, o porque olvidó que ya había sacado los limones, o porque olvidó comprar los limones en el super.

Que mi papá se la pasa en reuniones y no va a comer, que le va hacer daño comer esas cochinadas en la calle, que ya le salió alto el colesterol.

Que leyó en el periódico que Microsoft había dicho que Google no respeta la privacidad de los usuarios.

Que mi papá no irá a comer, que si se me antoja un coco Hawai, que tiene antojo desde hace días. Sí, camarón con pulpo por favor.

Se que extrañaré estos momentos, y me temo que no falte tanto tiempo como quisiera.

Una respuesta a “dice mi mamá”

  1. Ya se cuál silbido! Y yo grito igual que ella para que vengan a comer…no me hagas chillar, recuerdo de niña pasarme noches llorando en que eso podría pasar….

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