enseñar

Una de las interesantes frases que recuerdo de mi tío L es “no hay peor pesadilla que un empleado pendejo”. No recuerdo las palabras exactas, pero estoy seguro que incluían empleado y pendejo. Cuando lo dijo ya sospechaba que era cierto, ahora estoy seguro que así es.
Por otro lado, también es cierto que enseñar es un placer, así que tener a un empleado inteligente con quien cualquier esfuerzo de enseñanza da resultados es una garantía de satisfacciones. Y son satisfacciones especiales, esenciales, de las que perduran y que al recordarlas nos reconfortan.
Esta es la perspectiva del maestro, del otro lado es diferente. El aprendiz inteligente necesita de alguien más inteligente que él para que lo reconozca y valore (no entraré aquí en detalles sobre la definición de inteligencia, lo intentaré en otra ocasión). Es terrible tener un patrón que por ignorancia no reconoce méritos. Pero es muy gratificante recibir las aprobaciones y elogios de quien consideramos conocedor.
Hace años tuve la oportunidad de trabajar con un ingeniero que considero de los grandes. Aprendí mucho de él, mas no porque intentó o le dio placer enseñarme, sino por el contrario. No sé por qué razón pero en lugar de verme como un aprendiz me veía como rival. Yo no significaba amenaza alguna a su estatus, pero aún así siempre existió entre nosotros una competencia por resolver problemas.
Cuando me ha tocado enseñar yo he sido diferente. Mantengo la actitud de mostrarlo todo, enseñar todo cuanto pueda sin miedo a ser alcanzado o sustituido. Los grandes secretos y conclusiones que consigo los enseño tal cuales. Lo hago en parte para obligarme a seguir aprendiendo, pero espero que también sea por simple empatía, por condescendencia, porque sí.
Después de un período de ilusiones exageradas sobre lo que podría aportar a la ciencia, la filosofía o en mi profesión, pasé a una de desilusión epistemológica donde enseñar se ha convertido en una de las actividades más placenteras. Quizás esto es una forma de madurez.
¿Pero qué quiero enseñar si no creo que podamos conocer el mundo? Eso precisamente: que no encontraremos una solución final, la verdad. Pero que cada aprendizaje vale la pena, cada uno por razones diferentes e impredecibles.

Una respuesta a “enseñar”

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