destino

Descubrí­ que el destino sí existe. Al menos para él.

Llegó a este día sin realmente pensarlo, sin proponérselo y sin resistirse, creyendo que era tan sólo un día más. Con el transcurso de las horas se fue dando cuenta del arribo a un destino planeado desde hacía más años de los que podía recordar.

Por la mañana los minutos fueron rápidos e irreflexivos, las prisas, como lo hacen frecuentemente, no le permitieron analizar o prever consecuencias. Cuando menos lo esperó era ya la tarde y los efectos de unos tragos de tequila y una compañía aburrida le permitieron reflexionar, abstraerse de su entorno para enfocarse en él mismo.

No requirió mucho tiempo para reconocerlo: era compadre de un patán, de la persona más salvaje que había conocido, de alguien del que ni siquiera podría ser amigo. ¿Cómo sucedió esto? ¿Cuándo lo decidió? ¿Por qué le pasaba a él, que siempre planeaba cuidadosamente cada paso en su vida?

Aunque no profesa una religión cristiana le parecía lógico que a cada quién le toca lo que se merece. Entonces, ¿por qué a él? ¿Qué hizo para merecer esto?

En estas preguntas se enfocaba cuando su compadre lo invitó a tomar más. Por primera vez en mucho tiempo esa no le pareció la peor de las ideas, ¿por qué no? Se resistió sólo porque lo solicitaba su compadre impuesto, pero de buena gana habría bebido hasta olvidar todo, o al menos ese día.

Aprovechó una distracción de su compañero para volver consigo mismo: Pero a todo esto, ¿qué es un compadre? Es sólo un invento cultural mexicano, así que a mi no me afecta, en realidad es un formalismo al que nos sometimos para agasajar a nuestras esposas. No tiene valor alguno.

– ¡Compadre, que tomes te digo! Tomas como vieja cabrón.

Intentó escapar de nuevo: este reclamo es solo el efecto de una cultura machista obsesionada con la amistad y no tengo por qué considerarlo serio. Eso de los compadres realmente no tiene importancia.

– Pinche compadre puto, ¿tomas o qué vergas?

– Estoy tomando.

Cuando ya sólo quedaban tres parejas y vio en ella los ojos rojos y la mirada perdida en la nada pensó que por fin era el momento de partir. Logró convencerla y mientras abandonaban el local la seguía con la mirada de reojo para asegurarse que salí y que lo hacía sin caer. Al despedirse abrazada a su comadre vio cómo sus lágrimas corrían a juntarse; entonces recordó los frecuentes finales de los días que tomaba con su esposa: ella llorando al teléfono conectado con su más fiel y antigua amiga, él manejando a casa.

Una respuesta a “destino”

  1. Amigo, a pesar de lo grotesco y cínico, muy buen cuento, el final lo cierra perfecto. A mi me llegó porque tengo parte en el cuento y me identifico. Pero creo que es buen cuento independientemente de mi participación. =) te reto a continuar!

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