Archive for julio, 2008

dejé de chatear

atahualpeño on jul 25th 2008

He dejado de chatear. No me conecto durante todo el día, solo me he conectado ayer en la noche y hoy. Ayer para chatear con P, que me bateó de nuevo (eso le causa satisfacción), y hoy para chatear con Joel y Noel, con los que estoy trabajando-pisteando en la oficina. Pero en el día no lo hago.

No me arrepiento, uso mejor el tiempo. El punto intermedio entre charla y carta donde te ubica el chat no te permite conseguir el nivel de concentración requerido para muchas actividades productivas. Quizás para los que preguntan sí es de utilidad, pues ante cualquier duda tienen la respuesta al momento. Pero para mi no lo era, llegué a tener unas 5 personas preguntándome al mismo tiempo, y cuestiones que eran planteadas sin cuidado, sin pensarlas. Intentando escribir con la velocidad de la conversación solo se consigue redactar mal una idea borrosa que para responder se tiene que descifrar primero.

Ahora me tienen que escribir correo, y al hacerlo deben dedicar más esfuerzo y sólo lo hacen cuando no pudieron resolver la pregunta con sus propios medios. El sentir la presencia nos facilita las cuestiones, de hecho creo que la presencia motiva la formulación de cuestiones, aún cuando no sean necesarias. Es como cuando nos quedamos en presencia de alguien sin hablar: buscamos un tema de conversación. Algo similar provoca la presencia lejana del chat, la frecuente ocurrencia de preguntas o comentarios.

Hay otro aspecto del chat que es interesante, sobre la presencia lejana, y es que cuando la pareja de narraciones imaginativas está conectada el ambiente cambia, el mood es diferente, se siente una presencia que no permite la soledad reflexiva o la lectura emotiva, desinhibida. Y es una presencia distorsionada en favor de nuestra narrativa y muy posiblemente en contra de la realidad, imaginamos gestos que no existen, reacciones improbables, confundimos descuidos con intensión, desconexiones con odio, errores de dicción con amor, coraje o celos; en fin, sin las caras guiándonos nuestra interpretación de la realidad es una maraña de errores. Nunca antes nos habíamos comunicado con un medio que interpretáramos tan equivocadamente. No se daba con las cartas, que se entendían como un ejercicio de redacción, donde la falta de gestos era la norma y la falta de presencia permitía el tiempo requerido para reflexionar en lo que se escribe. En el chat, debido a la presencia lejana, se olvida la falta de gestos y se omite el cuidado que la escritura requiere para expresar emociones.

O sea que el chat apesta, marea y deprime.

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