enseñar
atahualpeño on abr 26th 2007
Una de las interesantes frases que recuerdo de mi tÃÂÂÂo L es “no hay peor pesadilla que un empleado pendejo”. No recuerdo las palabras exactas, pero estoy seguro que incluÃÂÂÂan empleado y pendejo. Cuando lo dijo ya sospechaba que era cierto, ahora estoy seguro que asàes.
Por otro lado, también es cierto que enseñar es un placer, asàque tener a un empleado inteligente con quien cualquier esfuerzo de enseñanza da resultados es una garantÃÂÂÂa de satisfacciones. Y son satisfacciones especiales, esenciales, de las que perduran y que al recordarlas nos reconfortan.
Esta es la perspectiva del maestro, del otro lado es diferente. El aprendiz inteligente necesita de alguién más inteligente que él para que lo reconozca y valore (no entraré aquàen detalles sobre la definición de inteligencia, lo intentaré en otra ocasió). Es terrible tener un patrón que por ignorancia no reconoce méitos. Pero es muy gratificante recibir las aprobaciones y elogios de quien consideramos conocedor.
Hace añs tuve la oportunidad de trabajar con un ingeniero que considero de los grandes. Aprendàmucho de él, mas no porque intentó o le dio placer enseñarme, sino por el contrario. No sé por qué razón pero en lugar de verme como un aprendiz me veÃÂÂÂa como rival. Yo no significaba amenaza alguna a su estatus, pero aún asàsiempre existió entre nosotros una competencia por resolver problemas.
Cuando me ha tocado enseñar yo he sido diferente. Mantengo la actitud de mostrarlo todo, enseñar todo cuanto pueda sin miedo a ser alcanzado o sustituido. Los grandes secretos y conclusiones que consigo los enseño tal cuales. Lo hago en parte para obligarme a seguir aprendiendo, pero espero que también sea por simple empatÃÂa, por condesendencia, porque sÃÂ.
Después de un perÃÂodo de ilusiones exageradas sobre lo que podrÃÂa aportar a la ciencia, la filosofÃÂa o en mi profesión, pasé a una de desilusión epistemológica donde enseñar se ha convertido en una de las actividades más placenteras. Quizás esto es una forma de madurez.
¿Pero qué quiero enseñar si no creo que podamos conocer el mundo? Eso precisamente: que no encontraremos una solución final, la verdad. Pero que cada aprendizaje vale la pena, cada uno por razones diferentes e impredecibles.
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