Archive for enero, 2007

destino

atahualpeño on ene 26th 2007

Descubrí­ que el destino sí existe. Al menos para él.

Llegó a este día sin realmente pensarlo, sin proponérselo y sin resistirse, creyendo que era tan sólo un día más. Con el transcurso de las horas se fue dando cuenta del arribo a un destino planeado desde hacía más años de los que podía recordar.

Por la mañana los minutos fueron rápidos e irreflexivos, las prisas, como lo hacen frecuentemente, no le permitieron analizar o prever consecuencias. Cuando menos lo esperó era ya la tarde y los efectos de unos tragos de tequila y una compañía aburrida le permitieron reflexionar, abstraerse de su entorno para enfocarse en él mismo.

No requirió mucho tiempo para reconocerlo: era compadre de un patán, de la persona más salvaje que había conocido, de alguien del que ni siquiera podría ser amigo. ¿Cómo sucedió esto? ¿Cuándo lo decidió? ÿPor qué le pasaba a él, que siempre planeaba cuidadosamente cada paso en su vida?

Aunque no profesa una religión cristiana le parecía lógico que a cada quién le toca lo que se merece. Entonces, ¿por qué a él? ¿Qué hizo para merecer esto?

En estas preguntas se enfocaba cuando su compadre lo invitó a tomar más. Por primera vez en mucho tiempo esa no le pareció la peor de las ideas, ¿por qué no? Se resistió sólo porque lo solicitaba su compadre impuesto, pero de buena gana habría bebido hasta olvidar todo, o al menos ese día.

Aprovechó una distracción de su compañero para volver consigo mismo: Pero a todo esto, ¿qué es un compadre? Es sólo un invento cultural mexicano, así que a mi no me afecta, en realidad es un formalismo al que nos sometimos para agasajar a nuestras esposas. No tiene valor alguno.

- ¡Compadre, que tomes te digo! Tomas como vieja cabrón.

Intentó escapar de nuevo: este reclamo es solo el efecto de una cultura machista obsesionada con la amistad y no tengo por qué considerarlo serio. Eso de los compadres realmente no tiene importancia.

- Pinche compadre puto, ¿tomas o qué vergas?

- Estoy tomando.

Cuando ya sólo quedaban tres parejas y vio en ella los ojos rojos y la mirada perdida en la nada pensó que por fin era el momento de partir. Logró convencerla y mientras abandonaban el local la seguía con la mirada de reojo para asegurarse que salí y que lo hacía sin caer. Al despedirse abrazada a su comadre vio cómo sus lágrimas corrían a juntarse; entonces recordó los frecuentes finales de los días que tomaba con su esposa: ella llorando al teléfono conectado con su más fiel y antigua amiga, él manejando a casa.

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regresar

atahualpeño on ene 26th 2007

¿Es buena idea regresar?

Me sorprende lo fácil que es volver a las rutinas anteriores, lo único necesario es estar en los lugares y las condiciones previas. Cuando regresé a casa de mis padres retomé muchas de las rutinas de la época en que viví aquí, con algunas variantes esporádicas que aún no sé si se deben a los cambios en las condiciones o a lo que cambié yo. Quizás yo cambié y busco un ambiente algo distinto y éste a su vez tiene influencia en mi conducta.

Lo bueno de regresar es que en dos días estás adaptado a lo que hacías antes. Cuando voy a México y llego al departamento donde viví eso me sucede y rápidamente me siento en casa, pero si llego a un hotel puedo estar toda la semana sin dormir bien, sin sentirme en un lugar  mío. ¿Qué es lo que hace que un lugar lo sienta mío? Creo que es estar acostumbrado a él, que estoy habituado, que me sé las rutinas que ahí me funcionan y que las puedo tomar en uno o dos días.

Lo malo de regresar es que te puedes sentir atrapado en una vida monótona, que enseña menos que la variedad que ofrece el conocer nuevos lugares frecuentemente. Y lo peor es que esto puede no ser sólo un sentimiento, creo que así es como sucede.

Muchos regresamos por los recuerdos, pero como somos convenencieros y olvidamos los malos, sólo al volver los sentimos de nuevo. Y las ciudades de la infancia y adolescencia están plagadas de ellos, en cada esquina, en cada frase de tus paisanos, en muchos sabores y olores, en los conocidos, en las caras de las que no recuerdas nombre pero sientes la tristeza, el dolor de algo que tu conveniencia ha olvidado.

Recuerdo que estando en el aeropuerto de la ciudad de México abordando los vuelos para regresar veía personas que reconocí­a como culichis aún sin recordar si las conocía realmente. Quizás conocí a su hermano, a su primo, quizás a él y no lo recuerdo, o quizás sólo tiene el modo y el tono de allá. Pero sabía que era paisano.

Volver al patético juego de beis bol, donde una pantalla o un animador te dicen qué hacer, aplaudir, gritar, cantar una muletilla de burla, reírse de alguien sorprendido por la cámara. Volver al juego por ser o aparentar ser rubio, o por admirarlos. Volver a convivir con los que quieren ser narcos o con los que lo son.

Pero volver también a los mejores mariscos, con la gente sin ideales y por esta razón franca y pragmática, volver con los viejos e inolvidables amigos, a las rutinas más dominadas, al lugar donde muchos te conocen, donde tienes historia y eres aceptado por ella.

Qué aburrido y deprimente regresar al pesado ambiente masculino de aquí, donde el principal juego es la carrilla y agarrar cura. Eso me molestó durante todo el tiempo que viví aquí y no supe que existía otra forma de convivencia menos salvaje. Ahora que lo sé me molesta aún más.

¿Volver o seguir viajando? ¿Afinar rutinas y hábitos o seguir aprendiendo? ¿Equivale a preguntarse: conformarse o aprender? Conformarse tiene que ver con la desilusión, saber que por más que se aprenda no es mucho lo que se consigue, que la felicidad tiene menos que ver con nuestros esfuerzos y suerte que con aspectos biológicos, que los planes no funcionan. Si esto es así, ¿para qué viajar y aprender?

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hay cosas en mi pasado

atahualpeño on ene 5th 2007

Hubo una época en que soñé almacenar todo lo que me gustaba, en coleccionar. Creo que el clímax de ese período fué cuando fotografié lo que más quería: mi bicicleta, mi rifle de diábolos, mi perro, unos radios, y no recuerdo qué más. El perro murió, los radios no sé dónde quedaron, el rifle me lo robaron y la bicicleta está arrumbada en el patio de la casa de mis padres. Creo que mi mamá aún conserva la triste foto.

Después perdí mi colección de discos de rock y creí que eso de coleccionar no era lo mío. Así que empecé a confiar en mi memoria, me dije que no necesitaba guardar todo pues con recorcar era suficiente. Además, mientras más tiempo pasas sin escuchar una canción más interesantes son los recuerdos que te trae. Así que si en un futuro escuchaba lo que perdí en mi colección de rock en una estación de radio el recuerdo sería formidable.

El problema con esta teoría es que no recuerdo nada antes de 5 años y las estaciones de radio no son aficionadas de mi colección rockera.

Pero la era de la información cambió mis expectativas. Ahora que uso computadoras con discos duros grandes he vuelto a soñar en no dejar nada, no desprenderme de nada para poder recurrir a todo cada vez que quiera recordar. Con esta idea he creado una gran colección de fotografías, música y archivos de mi trabajo que guardo en mi laptop y de los que tengo respaldo en varios discos.

Gracias al disco duro resolví uno de mis defectos, la mala memoria. Con tan sólo ver la lista de mis archivos puedo recordar más allá de los cinco años que Dios o la naturaleza me permiten.

Pero a esa colección le falta parte de mi pasado, muchas piezas rockeras de las que no recuerdo ni el nombre, muchas fotografías de personas que ya no recuerdo cómo eran, el diario que quemé a mis dieciocho años, las cartas de amor que le escribí a Cony, y más.

No tengo nada de Twisted Syster; hoy sin razón aparente empecé a cantar “I saw red” de no recuerdo qué grupo rockero y no tengo esa canción; no tengo nada de U2, Bullet (¿existió?), Iron Maiden, y otros que ya ni recuerdo. Quizás no me pierda de mucho, pero son materia prima de mis recuerdos y hay momentos en que tenerlos es importante.

Pero sí tengo la colección completa de Metallica, Scorpions, Motley Crue, Judas Priest, Guns N Roses, y algo de Cinderella, Dokken, Metallica, White Lion, Van Halen, Rainbow, Queensryche, Pink Floyd y otros.

Qué bien. Pero, ¿qué pasa si pierdo esto? ¿Tendría que volver a mis cinco años de vida?

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